Yo tenía (4) meses de nacida cuando mi madre nos dejó a mi hermana de (1) año en la casa de nuestros abuelos. A partir de ese momento, mi hermana llegaría a ser mi protectora, mi guía y lo único constante en mi vida. Tuvimos una infancia maravillosa y éramos muy amadas. No había nada que quisiéramos que los abuelos no proveyeran, excepto que nuestra madre fuera parte de nuestras vidas.
Y así, de la nada, sucedió el COVID y me dejo destrozada y con el corazón roto.
Sobrevivir a la muerte de mi hermana debido a COVID ha sido un dolor insoportable. Doy gracias a Dios todos los días, Él me tiene en Su agarre.