Silvia Kempton

Yo tenía cuatro meses cuando mi madre me dejó junto a mi hermana con nuestros abuelos. Nunca eh sabido que es el amor de madre. Sin embargo, Dios se ah echo presente en cada instante de mi vida. Él ha guiado mis pasos, mi camino, y no me ha dejado sola ni un momento. Tuve una infancia y niñez única y grandiosa a lado de mis abuelos. Hasta el día que mi madre regreso a nuestra vida y nos recogió. La vida con nuestra madre era un infierno, con drogas, y un padrastro que no quería “cargas”. Jesus me encontró y me seco mis lágrimas. Me tomo de la mano y me invito a caminar en una calzada llena de amor, comprensión, y bendiciones.

Te invito a que emprendas tu caminar con Jesus a tu lado lleno de amor, comprensión, bendiciones, y salvación. ¡Soy bendecida!

El llanto puede durar toda la noche, Pero a la mañana vendrá alegría y gozo. (Salmo 30:5)